Servitas celebra la fiesta de los Dolores Gloriosos de la Santísima Virgen

Fieles a una tradición de siglos, aún respetando fielmente las restricciones socio-sanitarias necesarias en el momento que vivimos a causa del Covid-19, la Real, Muy Ilustre y Venerable Cofradía de Servitas de María Santísima de las Angustias, celebró el pasado sábado, 19 de septiembre, con toda solemnidad  los Dolores Gloriosos de la Virgen. Esta fiesta es propia de los Servitas, desde que el 9 de agosto de 1692 la Sagrada Congregación de Ritos mediante el decreto “Cum Sacrorum” promulgado por el Papa Inocencio XII, concedió a los Siervos de María la facultad de celebrarla el tercer sábado de septiembre como “ulti devotionem propia et principaliter ad dictum Ordinem Servita spectantem”. Aunque esta devoción conocida como los Dolores Gloriosos se hizo extensiva a toda la Iglesia en 1814, fijándose su celebración el 15 de septiembre, S.S. Pio VII reservó para los Servitas el sábado infraoctavo a la festividad.

En el presente 2020, a fin de evitar aglomeraciones, la Misa solemne no tuvo lugar en la capilla de la Virgen, sino en el altar mayor de la iglesia de San Bartolomé, completándose en el templo todo el aforo permitido por las autoridades. Antes de iniciarse la Eucaristía, que fue solemnizada por la sopramo Marina Torrano, recibieron el Escapulario de la Orden catorce nuevos cofrades a los que, por razón del confinamiento, no se les pudo imponer el pasado Viernes de Dolores. El Rvdo. D. M. Roberto Burgos Azor, que vistió ornamentos azules haciendo uso del privilegio concedido por el Papa Pio IX a los Servitas en 1856, recordó en su homilía, entre otros aspectos, la vocación de servicio que debe caracterizar a los Siervos de María y los estrechos lazos que unen a esta antiquísima cofradía con la parroquia de San Bartolomé de Murcia, no en vano fue uno de sus párrocos el refundador de la Orden en 1755, ostentando Ntra. Sra. de las Angustias la cotitularidad de la parroquia desde el siglo XVIII.

Como es tradicional, la celebración concluyó con el canto de la Salve, desplazándose el celebrante hasta la capilla de la Virgen para incensar la venerada imagen de la patrona de la Cofradía de Servitas.